En las tardes de otoño, cuando el aire huele a yogur, Caperucita acostumbra a adentrarse en el bosque para recoger castañas. Rodeada de libélulas eléctricas, siente las espinas de los erizos pinchar las yemas de sus delicados dedos, mientras fantasea con románticas veladas licantrópicas.
lunes, 11 de octubre de 2010
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